ENFERMEDADES PROFESIONALES MORTALES
Texto preparado por Ángel Cárcoba
Madrid, marzo 2007
Recientemente CC.OO. hacía público un Informe sobre mortalidad por enfermedades derivadas del trabajo, llegando a la conclusión de que en España se producen al año más de 16.000 muertes por enfermedad profesional. Días más tarde, el Ministerio de Trabajo presentaba las estadísticas de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales (2206) y de nuevo se nos mostraban unos datos de verdadero escándalo. En la columna de enfermedades profesionales mortales no figuraba ni una sola muerte por enfermedad contraída por el trabajo. Las EP graves y mortales parecieran que todas se curan o vivimos en el mejor de los mundos posibles.
Históricamente es conocida la marcada tendencia ocultista de los accidentes de trabajo. En las principales Comunidades Autónomas el año 2006 se cerró con un incremento espectacular de la siniestralidad laboral, que se ha silenciado por unos y otros. Algunos ejemplos:
- “En la Comunidad de Madrid los accidentes de trabajo mortales aumentaron un 8,3%, pasando de 155 en 2005 a 168 en 2006. Los accidentes mortales in itínere crecieron un 21,4% (de 42 a 51)” (Madrid Sindical, enero 2007).
- “Siniestralidad en las empresas de Catalunya: los accidentes de trabajo mortales aumentaron un 44% de enero a noviembre de 2006” (El Periódico 08/01/07 citando datos oficiales). Un mes más tarde rebajan la cifra total anual de muertos y porcentajes en más de 10 puntos (el milagro del mes de diciembre).
- “En Andalucía han perdido la vida en el desempeño de su trabajo 207 personas durante 2006” (datos de CC.OO. al Diario de Córdoba, 9 de febrero/2007). “UGT considera que en 2006 hubo 14 fallecidos más que en 2005 en Andalucía” (prensa varia). “En Cádiz, las muertes por accidente laboral se incrementaron un 26,31%, pasando de 19 en 2005 a 24 en 2006” (CC.OO. en Diario de Cádiz, 9/02/07).
- 129 trabajadores fallecieron en 2006 en Euskadi (Gara, 11/01/2007).
- Castilla La Mancha: un total de 81 trabajadores fallecieron en accidente laboral en el 2006. La Consejera de Trabajo, Magdalena Valerio reconoce que hay un repunte del 2%. Sólo en la provincia de Albacete se pasó de 6 muertos en 2005 a 12 en 2006.” (La Verdad, 05/02/07).
- Canarias: “CC.OO. advierte de que en Canarias se supera su tope histórico en siniestralidad laboral en 2006” (La Gaceta, 05/02/2007).
- Com. Valenciana: 140 trabajadores mueren por accidente de trabajo en 2006, de las cuales 98 fueron en jornada de trabajo.
- Sector de Construcción: “En el pasado ejercicio, 308 trabajadores de la construcción perdieron la vida mientras realizaban su jornada laboral, el peor dato de los últimos catorce años” (5 Días Enero/2007). En este mismo periódico se puede leer: “ SEOPAN, la patronal de grandes constructoras ha pedido al Gobierno un endurecimiento de la Ley de Prevención (sin comentarios).
En las CC.AA. con mayor población ocupada y en los sectores de mayor riesgo, se producen unos incrementos de los AT mortales espectaculares. Sin embargo el año 2006 terminará oficialmente con un descenso de casi el 2%. Es una cuestión de fe.
- Estadísticas a la carta o el milagro del mes de diciembre. De unos años a esta parte hay una tendencia obsesiva por parte de la Administración en adaptar los datos estadísticos a no se sabe que objetivos. Es más fácil cambiar la estadística que la realidad. De esta forma asistimos a situaciones imposibles de comprender. Veamos. El 3 de febrero de 2006 aparecía en varios medios la siguiente noticia cuya fuente era el propio Ministerio de Trabajo: “En los 11 primeros meses del año 2005 se han registrado en España 926.126 accidentes con baja que han provocado la muerte de 1291 trabajadores, de ellos 938 en jornada de trabajo y otros 353 in itínere, lo que supone un incremento del 4,5% respecto al mismo período del año anterior. Y todo ello pese a incluir 2004 un incremento cercano el 30 % por considerar las víctimas del 11 M como accidentes in itínere”.
En el último mes del año, diciembre, no solo se consigue reducir el incremento de los 11 primeros meses, sino la ingeniería estadística logra terminar cada año con un descenso. Los milagros del mes de diciembre que se repiten en los últimos años.
La siniestralidad laboral tiene un componente estructural que hace que, salvo catástrofes, los meses tengan un comportamiento estadístico similar a lo largo de los años. La media de los AT mortales en el mes de diciembre de los últimos 15 años nunca bajó de 72 (salvo de 2004 a 2006). Sigue siendo una cuestión de fe.
¿Son los índices de incidencia la variable que mejor explica la evolución de la siniestralidad laboral? Si aceptamos que el problema es estructural, sostengo que es una variable más. Ni siquiera la más importante. No es cierto que a más población ocupada, mayor número de AT, como no lo es que los siniestros en carretera se deban al mayor número de coches circulando. Es más cierto que las mayores tasas de siniestralidad se producen en épocas de crisis y desempleo masivo, es decir de menor población ocupada (véase los datos de 1987-1992). Así y todo, la realidad es tozuda y difícil de explicar. En la página 11 de las estadísticas remitidas por el INSHT figura un gráfico que demuestra que los índices de incidencia de los AT con baja en jornada de trabajo correspondiente a 2006 son los mismos que en 1987. ¿Cómo explicar estas dos realidades con datos de paro y de precariedad tan dispares en una época y otra? Para cualquier estudioso del tema está claro que las estadísticas sobre accidentes de trabajo están sometidas a una importante subestimación. Y por supuesto no es aceptable bajo ningún concepto el intento de sacar de las estadísticas oficiales a los trabajadores accidentados y muertos en trayecto. Así y todo, nada que ver con lo que viene a continuación.
EL ESCÁNDALO DE LAS EE.PP.
Siempre hemos sostenido que el AT es la punta del iceberg de las condiciones de trabajo de un país determinado, de escasa o nula utilidad preventiva. La morbimortalidad sufrida y percibida no coincide con la morbilidad diagnosticada. Esta a su vez no tiene nada que ver con la morbilidad reconocida y menos con la indemnizada. Nuestro sistema público de protección social (INSS) tendría como objetivo la protección de los colectivos más desprotegidos, siendo los trabajadores enfermos por el trabajo uno de estos; sin embargo la realidad nos muestra que el objetivo del INSS es negar la relación entre salud y trabajo. Recurre por sistema todo proceso que pudiera dar lugar al reconocimiento de una enfermedad profesional mortal. Desde los EVIs hasta el Tribunal Supremo, su función obsesiva es negar toda evidencia científica sobre el tema. Desde hace más de 50 años se sabe la relación entre exposición al amianto y los cánceres de pleura, de pulmón y peritoneo. Desde mucho antes se sabe la relación entre el cloruro de vinilo y el angiosarcoma hepático, entre el benceno y la leucemia, entre el arsénico y los cánceres de piel, pulmón e hígado, entre la bencina y cáncer de vejiga y un largo etcétera.
Pues bien, en las estadísticas que nos acaba de remitir el Ministerio de Trabajo sobre EE.PP., no aparece ni un solo caso de EP mortal. Si no reconocen las enfermedades sobre las que existe suficiente evidencia científica en relación al trabajo, qué decir sobre las patologías derivadas de las nuevas formas del trabajo moderno (alteraciones musculoesqueléticas, cardiovasculares, del sueño, fatiga mental…). El INSS se ha convertido, después de la empresa que ocasionó la enfermedad o la muerte, en el principal enemigo del trabajador y de sus derechohabientes, a los que sólo les queda someterse a procesos judiciales largos y complicados. Es bastante frecuente que el trabajador afectado por determinadas enfermedades muera antes de producirse la sentencia.
El caso del amianto es bien elocuente: para el Centro Nacional de Epidemiología (CNE) en España se diagnostican cada año unas 500 muertes relacionadas con la exposición al amianto. Según diversos estudios de institutos oncológicos o del Instituto Carlos III, la cifra de muertos por esta causa puede superar los 1.100 al año; para la Seguridad Social ningún trabajador muere por enfermedad profesional.
CC.OO., basándose en un estudio de un grupo de expertos, denuncia que cada año se producen 16.000 muertes por enfermedades laborales. Las estadísticas oficiales, desautorizando a la comunidad científica y médica, nos dicen que el número de EP mortales es CERO. Como ocurría con los AT, estamos ante una cuestión de fe: en este caso de mala fe.Este escándalo es conocido y denunciado desde hace años. Es muy poco o nada lo que hemos avanzado.
CONVIENE RECORDAR
Para algunos esto es un fenómeno nuevo. Presentan como primicia datos, informes y propuestas sobre la problemática de las EP. (“Desde hace una década CC.OO. comenzó a preocuparse de las EP.”, Informe reciente de un compañero).
Conviene recordar que la historia del movimiento obrero está ligada a luchas por el reconocimiento, tratamiento, rehabilitación y compensación de las enfermedades que originaba el trabajo. Desde 1840 hasta bien entrado el siglo XX, se puede encontrar numerosa literatura obrera sobre las EP. Por ejemplo, en 1909 las asociaciones socialistas obreras hicieron al Gobierno peticiones varias relacionadas con la adopción de medidas sobre pensiones vitalicias para los trabajadores que quedaran inútiles, preferentemente por AT. La regulación legal de la EP se inicia en España con la Ley de Bases de 13 de Julio de 1936, que contenía un listado completo de las enfermedades consideradas como tales y de sus agentes productores. Desgraciadamente el golpe de estado fascista contra el Gobierno de la República impidió el desarrollo de la legislación más avanzada de la época. En plena dictadura fueron saliendo decretos como el del 3 de Septiembre de 1941 sobre prevención y protección de la silicosis. En 1951 se incluyó como enfermedad profesional el nistagmus de los mineros. En 1961 se aprueba el Decreto 792 de 13 de Abril sobre algunas enfermedades profesionales. ¿Por qué las primeras EP que se reconocieron fueron las de los mineros? Es innegable el papel que juegan una serie de determinantes sociales en la producción de normas, de conocimientos y reconocimientos de las EP. La historia de cada EP o grupo de EP está plagada de hechos, luchas y reivindicaciones obreras sobre el tema.
En diversos documentos de las CC.OO. en clandestinidad se reflejan exigencias por trabajar menos horas, en mejores condiciones y por la protección social de los enfermos por el trabajo. El 12 de Mayo de 1978 se aprueba el RD sobre el cuadro de EE.PP., que venía a sustituir al Decreto 792 de 13 de Abril de 1961. Las normas de carácter médico para el diagnóstico, reconocimiento y clasificación no se desarrollan y el ocultamiento se mantiene hasta nuestros días.
En 1977 las recién legalizadas CC.OO. presentan a la opinión pública un Informe titulado “Índices epidemiológicos de Salud Laboral”. Desgraciadamente siguen siendo válidas la mayoría de cuestiones que planteamos hace 30 años. Señalo de forma resumida algunos de los puntos que contenía aquel Informe de 32 páginas.
I.- Análisis crítico de las estadísticas de siniestralidad laboral.
1.- La presentación de las estadísticas se hace recogiendo un concepto global de siniestralidad general que es muy poco útil a la hora de evaluar la importancia del problema…
2.- Existe una marcada tendencia ocultista en la evaluación de las estadísticas oficiales… El ocultamiento sistemático del sector leve sin baja declarados supera el 14%.
3.- La intencionalidad de los resultados estadísticos son siempre de evaluación económico-monetaria, por lo que no se elaboran estudios serios que incluyan la búsqueda de los factores preventivos en déficit… Es importante señalar la necesidad de aumentar el cuidado de los factores de prevención y educación sanitaria, introduciendo el concepto de salud laboral dentro del concepto integrador de salud global y no como el pago reparativo que se hace de la enajenación de la salud.[1]
4.- La relación que se presenta entre AT y EP carece totalmente de sentido, es inexacta y está en contradicción con la más elemental percepción de la realidad productiva... La relación entre morbilidad y la mortalidad en las EP es igualmente ridícula (0,25 por mil). Ninguna enfermedad profesional mortal…Al mismo tiempo la distribución por enfermedades también es escandalosa. Sólo las neumoconiosis, brucelosis y dermatosis tienen importancia estadística.Todo esto entra en contradicción con estudios epidemiológicos internacionales en los que la incidencia de la EP en la población expuesta a ruido, polvo de sílice, plomo, disulfuro de carbono, amianto a benceno oscila entre un 10 y un 40%.... España declara un total de 392 EP por año y millón de productores, frente a Alemania que declara 1215 o EE.UU., con 4.900 por año y millón. (recuerdo que estamos hablando de un informe de 1977).Si se comparan los casos de EP de la estadística oficial con los casos de sordera traumática en los servicios de ORL, o de las neumoconiosis en los servicios de neumología, o las dermatosis profesionales en los de Dermatología del sistema sanitario público, surge de nuevo el flagrante ocultamiento oficial y su contradicción con la realidad.
II.- Análisis de los índices de salud laboral.
El tipo de salud laboral que se encuentra, está en relación con el modelo del proceso de producción.En este punto se hace un análisis de la relación entre diferentes formas de industrialización existente en nuestro país y cómo ello se refleja en las estadísticas de siniestralidad laboral. Junto a ello se analiza el concepto indemnizatorio como una forma legal y monetaria de reparación de la porción de salud perdida por el trabajador…. Todo planteamiento actual, se dice en este punto, de corrección de la accidentalidad está plagado de un concepto monetarista, que impide concebir la salud como un valor en si mismo… Desde esta situación podemos marchar a una etapa donde, o bien el trabajador se convierta en dueño de su propia salud a través del control en forma de autogestión de la organización del trabajo, o bien la estructura capitalista inicia un proceso basado en una explotación más inteligente pero tanto más enajenada.”
Como algunos recordaréis, CC.OO. optó por convertir al trabajador en protagonista y dueño de su propia salud a través de aplicación del modelo obrero italiano basado en la no monetarización, en la no delegación, en la autonomía en el conocimiento, en la validación consensual y como método el mapa de riesgos.
III.- Problemática de las Enfermedades Profesionales.
“Ya hemos indicado el ocultamiento escandaloso de la realidad en torno a las estadísticas de EP, como queda reflejado en los cuadros 3 y 9. Este ocultamiento flagrante es indicativo de la pobreza preventiva de nuestro país a pesar de los medios que poseemos… Por que nosotros consideramos que el problema base de la deficiencia de salud laboral no es el AT, que es un riesgo límite con un carácter de inmediatez, sino las pequeñas pérdidas de niveles de salud, los microtraumatismos repetidos, la mayor predisposición a enfermedades, los tumores de origen laboral, la situación de salud en la vejez así como la salud mental o los niveles de salubridad de las familias trabajadoras. Todo ello repercute en este término amplio que hemos dado en llamar “afección a causa del trabajo” y en el que se incluyen enfermedades hoy producidas por ambiente no laboral en su consideración legal pero en las que es aceptado por una mayoría de expertos, que el trabajo es un factor importante en su etiopatogenia (insisto, esto se decía en 1977). Consideramos como causas de estos errores estadísticos:
1.- Una dirección burocratizada y laboralizada de la política de prevención. Esto ocasiona que los médicos, sea por impericia, negligencia u otras causas, no diagnostican la patología de origen laboral como tal. Obviamente lo que no se diagnostica no se registra.
2.- El concepto de EP en España es muy pobre, lo que hace que el número de EP comunicadas no se ajuste a la realidad. Se exige además que para que se haga el diagnóstico de enfermedad laboral, ésta ha de presentarse en grado avanzado.
3.- La inmensa mayoría de la patología laboral, sobre todo la mínima y cronificada, se diagnostica y atiende como enfermedad común, actuando sobre ella en sentido reparativo y no preventivo.4.- Ausencia de una educación sanitaria general y específica para que el trabajador comprenda los riesgos que se derivan para su salud en el trabajo que realiza.
IV.- Equipamiento sanitario para la mejora de la salud laboral.
En este punto se hace un análisis y propuestas sobre el papel que deben jugar el INSS, las Mutuas, la Inspección de Trabajo, los Servicios Médicos de Empresa, el Ministerio de Sanidad…”. Este documento sirvió de base para la elaboración de un Plan estratégico de salud laboral de k.o. (Ver Actas de las ponencias del I Congreso Confederal, capítulo V dedicado a “Condiciones de Trabajo” y del I Congreso de CC.OO. de Madrid, capítulo IX, ambos celebrados en 1978).
A lo largo de la década de los 80 fueron varios los informes técnicos, documentos públicos y Resoluciones aprobados por los órganos de dirección de la Confederación y publicados en revistas, tanto del sindicato como especializadas (incluidas revistas internacionales), con títulos como: “Las estadísticas del sufrimientos”, “De qué enferman y mueren los trabajadores”, “El trabajo perjudica seriamente la salud”, “Se vive para trabajar, pero trabajando se muere”, “Organización del trabajo, clase social y enfermedad,” “El desgaste obrero”, “Cáncer y trabajo”, “Riesgos para la reproducción,” etc.
El 28 de octubre de 1985, el Secretariado Confederal aprueba un informe bajo el título “Documento Público de CC.OO. sobre Salud Laboral”. Consta de 20 puntos, en los que se aborda, entre otros, el problema de las EP (puntos del 2 al 8). En el punto 8 se dice: “La actual legislación en materia de EP debe ampliarse, incluyendo enfermedades como la artrosis por sobrecarga, posicionales y postraumáticas, la psicopatología laboral, los cánceres de origen laboral y, en general, la patología inespecífica que se ha demostrado guarda relación directa con las condiciones de trabajo”.
En 1992, con motivo del I año Europeo de la salud laboral, CC.OO. organiza en Valencia unas Jornadas europeas sobre enfermedades profesionales que titula “Conocer para Prevenir”. En estas Jornadas se presentaron varios estudios sobre las enfermedades profesionales en Europa y España. Entre las diversas ponencias destacó una de Laurent Vogel de la CES. Merece la pena recordar de aquella intervención tan brillante la historia de algunas EP y, sobre todo, “los tres filtros a los que deben someterse todo proceso de reconocimiento de las EP, a saber: filtro médico, filtro jurídico y filtro económico e indemnizatorio”. Terminaba su intervención con un decálogo de alternativas. Todo esto está publicado en un libro bajo el título “Conocer para Prevenir”, de vigente actualidad.
Y en 1993, el Gabinete de Salud Laboral de CC.OO. publica un excelente trabajo de Carlos Aníbal Rodríguez titulado “Acerca de la Salud de los trabajadores”, dedicado íntegramente al análisis de las diferentes formas de enfermar en el trabajo. Determinantes sociales en el reconocimiento de las EP o el camello a través del ojo de la aguja.
Existen otros muchos trabajos sobre el drama de la enfermedad laboral. En 2003 el profesor de Historia de la Ciencia de la Universidad de Granada, ALFREDO MENÉNDEZ, escribió un excelente trabajo sobre “conocimiento experto y la gestión y percepción de los riesgos laborales en las sociedades industriales. Una reflexión desde la Historia de la Ciencia” (Cáp. 6 del libro “Democracia, desigualdad y salud”. Ángel Cárcoba (compilador) Ed. La Lucerna). En el punto titulado “conocimiento experto y riesgos laborales: el camello a través del ojo de la aguja”, el profesor Menéndez se refiere a las EP de la siguiente forma: “ El cuadro de EP en la mayoría de las legislaciones compensadoras se asemeja demasiado al juego de , en el que sólo aquellos trabajadores en los que coincida la exposición a un determinado agente en el desarrollo de la actividad laboral en un determinado sector productivo con la presentación de un determinado cuadro clínico será susceptible de aspirar al reconocimiento de dicho problema como EP”. Es más fácil que un camello entre por el ojo de la aguja que el INSS reconozca las muertes de los trabajadores por EP.
En definitiva, las estadísticas oficiales sobre EP están sometidas a sesgos notables, detrás de los cuales se esconde la desproblematización de la salud de los trabajadores.
El nuevo sistema de declaración de EP será más eficaz y resolverá parte de los temas enunciados en la medida que tengamos en cuenta los aciertos y errores cometidos en el pasado. Para cualquier estrategia obrera es fundamental recuperar la memoria.
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